Las Reformas y La Izquierda

12 diciembre, 2013

Saber más de los demás

Por Gustavo Martínez

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Ni las caminatas de 75 horas, ni los cercos al Senado o las tomas de tribuna, pudieron detener la inminente aprobación de la reforma energética, en lo que ahora los críticos llaman “el albazo guadalupano”. No es menester de estas líneas fijar una postura en pro o en contra de la reforma energética planteada por el Ejecutivo Federal, ni tampoco de rechazo o alabanza a quienes, perdidos entre las buenas intenciones y el oportunismo político se han pronunciado hasta el cansancio en contra de dicha reforma. Sin embargo, y dicho sea de paso, considero que a Pemex le urgía modernizar su régimen fiscal y estoy a favor de que con la regulación, vigilancia y supervisión necesarias exista una mayor cantidad de inversión privada en la paraestatal, aunque ello implique compartir la renta petrolera, pues no hay inversionista nacional o extranjero que esté dispuesto a invertir sin luego ser parte de las ganancias. Me parece que el debate de la reforma energética tuvo un fondo político que trastocó las entrañas de la izquierda mexicana. Por un lado, los asiduos obradoristas que desde Morena o desde el propio PRD y los otros partidos de izquierda continúan haciendo segunda a la “lucha por la defensa del petróleo” que el tabasqueño ha elegido como catapulta para 2018, y en el otro extremo, una izquierda moderada que, según los más radicales, ha hecho comparsa al partido en el poder y al desdibujado PAN. Así las cosas: los obradoristas criticando el “entreguismo” de los chuchos y estos perdidos en la disyuntiva de permanecer en el Pacto y las mesas de discusión de la reforma energética para seguir teniendo presencia, quizá no real, pero al fin presencia, en las altas esferas políticas; o cuidar el poco capital político que les queda oponiéndose a la reforma energética, para no dejarle el camino libre a AMLO. Más allá de la reforma energética, vista como la de mayor trascendencia del actual sexenio y sin duda la de mayores repercusiones en términos económicos y por supuesto políticos, es importante analizar el gran error cometido por la izquierda en su conjunto a partir de julio del año pasado. El primero de julio de 2012 fue un gran fracaso para AMLO, sin embargo, para la izquierda se ponía enfrente la gran posibilidad de incidir en la toma de decisiones, ser parte de las discusiones y de poner su agenda dentro de los causes constitucionalmente establecidos. Pero no fue así, AMLO decidió dejar el PRD para construir Morena y resquebrajó con ello cualquier posibilidad de tener una izquierda fuerte que hiciera un contrapeso real al mayoritario PRI y a su eterno cómplice, el PAN. Con la salida de AMLO, ni tardos ni perezosos, los chuchos se integraron al Pacto por México, pues con la izquierda tan dividida, ésta era su única posibilidad de ser invitado al festín. Grave error. No dudo de las profundas convicciones democráticas y de justicia social que mueven a AMLO, pero al mismo tiempo, estoy seguro de que su intransigencia, su radicalidad, su falta de tacto político y su eterna negativa a negociar, han sido sus peores enemigos, no el PRI, no el PAN, no los Chuchos ni el innombrable. Estoy convencido de que este país necesita un verdadero gobierno de izquierda. Decidido a resolver, como principio de todo, el enorme problema de injusticia social que nos tiene sumidos en la desigualdad y el rezago. Este gobierno debe ser, porque no puede ser de otro modo, inclusivo y responsable, sin ataduras al pasado, sin caudillos; experto en hacer política real, esa política que piensa en ganar aun a costa de perder, que no vea a las negociaciones como sinónimos de “arreglos en lo oscurito”. En fin, un gobierno de izquierda moderna, sí, esa que dista mucho de lo que hoy tiene la política de este país. Mientras lo anterior no suceda, los caudillos y los oportunistas seguirán haciendo de las suyas, montando cercos, movilizando a las masas aun sabiendo que no lograron cambiar la decisión del pleno del Senado que votaron a favor de la reforma energética, pero, según ellos, dejando el precedente del profundo descontento social. Por favor, que alguien les diga que resulta más irresponsable y antidemocrático salir de las mesas de discusión, del Pleno del Senado o de Cámara de Diputados, porque las decisiones no se toman en las calles, que les digan también que ese sistema corrupto del cual emanan las instituciones que ya mandaron al diablo, nunca se transformará si el cambio no se promueve desde adentro.

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