De París para México: la vuelta a la vida de Don Porfirio

Por Édgar Molina

Hacia una mañana fresca en la Ciudad de los Palacios, el sol se asomaba y bañaba de tonos dorados, los techos de las edificaciones modernas que se sitúan a lo largo y ancho de la Ciudad de México, esta urbe que día a día se transforma y que hoy, nos mostraría una mutación de lo más nostálgica posible. Hoy presenciaremos la solidificación de uno de los personajes más  representativos de México; que estuvo presente en momentos cruciales de la historia mexicana, desde las intervenciones extranjeras a nuestro país, hasta el salto que la sociedad mexicana diera hacia la modernidad. Me refiero al General Don Porfirio Díaz Mori.

Mientras el equipo y yo nos alistamos, una nube (que al parecer era (es) polvo de arroz) cubre el ambiente y mágicamente los muebles se tornan de estilo francés, las paredes toman texturas de tapices típicos de la época pre-revolucionaria y en sí, todo el escenario cambia: los colores que usualmente percibimos van cediendo a un tono sepia, igual que las fotos que se exponen en el Museo del Monumento a la Revolución.

Nuestros teléfonos celulares vibran al mismo tiempo y al unísono se escucha el característico tono que se emite cuando llega un “tuit” al dispositivo.

Inmediatamente,  un carraspeo aclara la garganta de un ente que se materializa a partir de la nube de polvo de arroz que se fue aglomerando en una silla frente a nosotros… “Buenos días tengan, disculpen la demora”… Don Porfirio Díaz se encuentra en la casa.

Nervioso, el general se acomoda en su silla que mágicamente se torna en una especie de trono de madera, enorme a comparación del cuarto donde nos encontramos, de madera gruesa con un águila tallada hacia la punta del respaldo. Porfirio Díaz nos lanza una mirada como las que acostumbraba cuando estaba frente a los periodistas de su época, tratando de esconder el temor que le generaba estar frente a comunicadores que no estaban vestidos como en sus tiempos, armados con aparatos que no conoció sino hasta que regresó de su mausoleo en Francia.

Nuevamente aclara su voz, nos hace señas con las manos indicando que se encuentra listo para que iniciemos la entrevista, así lo hacemos.

Perfiles a la Vanguardia (PV).- Antes que nada gracias mi general por darnos esta oportunidad de estar con usted en esta entrevista, díganos ¿qué diferencia ha visto entre el México de finales del siglo XIX y principios del siglo XX a este México de principio de milenio?

Porfirio Díaz (PD).- Pues sigue siendo un México muy parecido, sigue existiendo esas diferencias sociales, seguimos teniendo los mismos complejos históricos, simplemente hemos cambiado la forma de comunicarnos, ahora tenemos las redes sociales y tenemos una política más moderna pero en esencia seguimos siendo el mismo México de siempre.

PV.- General, ¿por qué regresó a la vida y por qué en Twitter?

PD.- Porque estaba aburrido en mi tumba y decidí que era un buen momento para conectarme con los mexicanos y como los mexicanos estaban en las redes sociales, abrí una cuenta de Twitter y ahí comencé a comunicarme con ellos.

PV.- De Francia para México con cariño ¿no?

PD.- Así es, “siempre tendremos París”.

PV.- Dígame, con todo este preámbulo, y lo que dicen los libros de historia, como dice el viejo adagio ¿realmente le “hizo justicia la revolución?

PD.- Pues la Revolución lo que hizo realmente fue crear héroes y villanos para que se sustentara su ideología, para que funcionara el principio de la revolución tuvieron que hacerme un villano, pero eso ha ido cambiando en los últimos años, han estado cambiando los libros de la SEP, ya no tienen mitos, sin embargo lo que si veo es que los que imparten la educación siguen repitiendo esos mismos patrones de mitos de Juan Escutia, de Santana y de mí y la cuestión es aprender a ver la historia desde otro punto de vista y dudar de lo que nos han enseñado para encontrar otra visión histórica.

PV.- ¿Fue mal comprendido en sus últimos años de gobierno, general?

PD.- Yo creo que sí, yo quería la paz y el orden a pesar y a costa de todo y no me di cuenta que había una nueva generación en México; no era la generación que me llevó al poder ni la generación por la que yo había trabajado para llevarles esa modernidad, y esta nueva generación quería más libertad, quería más derechos y no me di cuenta a tiempo y eso fue realmente el punto de quiebre en los últimos años, como una brecha generacional que derivó precisamente en el inicio de la Revolución y en mi renuncia.

PV.- A pesar del progreso que trajo a México como la energía eléctrica, drenaje, la incursión del ferrocarril a lo largo del territorio nacional, la pavimentación de calles, el teléfono… todo este tipo de progreso, la apertura de México a la inversión extranjera, ¿por qué no era grato para el pueblo? ¿Por la misma brecha generacional que me menciona?

PD.- Pues porque esa nueva generación no creció con esas carencias, no creció con toda esa inestabilidad política, no creció con las guerras del siglo XIX. Esa nueva generación ya creció con todo ese progreso y realmente quería algo más; no era suficiente que tuvieran calles pavimentadas, luz o cinematógrafo o todo eso, ellos cuestionaban ¿para qué sirve todo eso si sigue habiendo una gran miseria en el país?

El General Díaz, enfundado en su levita militar repleta de medallas por sus logros militares de antaño, a pesar del paso de los años sigue siendo un hombre imponente físicamente, no así al momento de hablar, acción que hace con un tono muy amable y diplomático, particularidades que tuvo en sus años mozos como gobernante de México.

PV.- Ahora que menciona el cinematógrafo, ¿qué significó para usted ser el primer actor en México?

PD.- Realmente fue un momento muy grato para mí, fuimos el primer país con cinematógrafo en América, ni siquiera fue Estados Unidos, fue México; y fue un momento muy importante para toda esa generación que pudiera no sólo ver las fotografías, sino que las fotografías se movieran y poder contemplar paisajes de todo México, por ejemplo en la ciudad -había mucha gente que no salía de la ciudad- y creo que fue un momento de cambio que en su momento, no vi que se podía usar para hacer propaganda política o social, que sí lo vieron durante la Revolución Mexicana, para los medios de comunicación sí fue un cambio que nadie esperaba.

PV.- Regresando a sus últimos años de vida en México, la frase “Madero soltó al tigre…” la pregunta es: ¿sigue suelto?

PD.- El tigre sigue suelto. Yo creo que ningún político ha podido controlar al pueblo, y yo creo que el pueblo es un tigre que si se suelta es una fuerza brutal, lo hemos visto en la cantidad de revoluciones que ha tenido el país desde que Hidalgo hizo su grito, la cuestión no es cómo encender al pueblo porque se enciende muy fácil, sino cómo calmarlo, cómo pacificarlo, cómo volver a meterlo al “jacal” para que todo funcione y progrese como en los demás países.

PV.- Ya que mencionó a Miguel Hidalgo, tiene cuatro años aproximadamente entre nosotros y en ese tiempo se han levantado de las tumbas personajes como Madero, Guadalupe Victoria, Iturbide entre otros, pero se han ido apagando, ¿qué magia tiene usted general para seguir vigente?

PD.- Yo creo que no han sabido entender a la gente de las redes sociales. Yo entendí desde el principio que si hablaba como si estuviera en mis tiempos de gobierno la gente se iba a aburrir, usábamos un lenguaje aburridísimo, con unas palabras que ahora son de lo más “domingueras” y lo que a la gente le interesa es conocer un poco más de lo que éramos, de lo que hacíamos en nuestros tiempos, y si las redes lo tomaban con humor, había que hacerlo con humor; siempre diferente, siempre tratar de reinventarse. Digo, si uno que está en Twitter se aburre, los lectores con más razón.

PV.- Su némesis, el Gatito Maderista, ¿qué le pasó?

PD.- No lo sé, desapareció… o lo mandé desaparecer, ¿quién sabe?

Don Porfirio ríe mientras nos contesta sobre aquél personaje de Twitter que apareció casi al mismo tiempo del resurgimiento del general, un minino que usaba en su avatar un gracioso sombrero de bombín, y que le hacía pasar momentos exasperantes para él e hilarantes para quienes seguían sus pleitos vía Twitter. Después de reír sonoramente por su respuesta, vuelve a tomar esa postura seria con la que iniciamos la entrevista y retomamos la charla.

PV.- Retomando el tema, ¿tiene usted más influencia ahora en Twitter que en sus discursos “a pie”?

PD.- Yo creo que no, yo era el Presidente y lo que decía se replicaba en todos los medios, ahora lo que tuiteo no se replica. Sí es una forma diferente de comunicarme; además, yo podía dar un discurso de dos horas y ahora lo tengo que dar en 140 caracteres. Tal vez el tener una idea compleja y comprimirla lo más posible para que funcione en un tuit o en dos o tres porque ya en más… perdiste.

PV.- Los métodos educativos general, ¿eran mejores a principio del siglo XX o en este nuevo milenio?

PD.- Pues son diferentes. Cuando yo gobernaba estaba Justo Sierra, que era el Ministro de Educación y Bellas Artes, y él tenía una forma muy particular de educar. Lo que se está haciendo ahora  es lo que hacía José Vasconcelos, que es muy diferente a lo que hacía Justo Sierra, yo creo que eran diferentes formas que funcionaban en su momento. Lo que creo es que ya no están funcionando ninguna de las dos porque ya cambió la gente, ya cambiaron las generaciones de niños y ahora estamos perdiendo el interés; estamos tratando de enseñarles historia como hace cincuenta años y pues ya no. Por ejemplo, si ahorita los niños ya están en las redes sociales ¿por qué no hacerlo desde ahí? ¿Por qué no interesarlos desde ahí en los temas? Porque la gente dice siempre que la historia es muy aburrida y que no tiene futuro, y yo estoy haciéndolo todos los días a través de mi cuenta y tengo casi 160 mil seguidores, entonces no creo que sea el tema, sino la forma en cómo se está impartiendo.

De repente, las últimas palabras resuenan en las cuatro paredes y, así como apareció, la nube hecha de polvos de arroz se funde con Don Porfirio materializado para hacerlo desaparecer, junto con la atmosfera porfiriana: paredes, sillas, mesas, todo vuelve a los matices comunes de este tiempo, los polvos de arroz se escapan por el cerrojo de la puerta al mismo tiempo que entra un joven vestido con una camisa sport, pantalones beige, lentes de armazón rojo y una sonrisa ligera y fresca; es el turno para que Pedro J. Fernández charle con nosotros.

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