Las curvas más peligrosas

1 abril, 2014

Saber más de los demás

Por Jacqueline González

Todos los días me levanto a las 6:00 am. Los fines de semana suele variar, pero también es temprano. Salgo de mi casa a las 7:00 am y comienza la odisea.

Hay veces que dejo pasar hasta 4 trenes del metro (las mallugadas, robos y manoseadas son cosa de todos los días); cuando logro entrar, espero el momento en el que me topé con algún transbordo donde bajen algunas personas para que me permitan respirar. Me la paso en el metro aproximadamente 2 horas y media de mi vida por al menos 6 días que se traducen en 15 horas a la semana, 60 al mes y 720 al año.

Si hubiera más trenes y mejor  mantenimiento seguro tendría algunos cientos de horas libres al año eso sin mencionar que, si no hubieran  tipos con olor a thinner, vidrios en la mano o con un sonidero en sus espaldas mi sistema nervioso también mejoraría.

metro4

Hace unos meses hubo una horda de personas (entre ellos yo) en contra del aumento al precio del boleto del metro  (más del 60%). Por supuesto que lo primero que pensamos fue que nuestras finanzas se verían afectadas severamente, luego de esto, comenzaron las protestas #Posmesalto, la primera vez que me tocó ver este comportamiento me dio mucha risa; señoras, viejitos y de todo un poco tratando de brincar los torniquetes huyendo de tan absurdo aumento a un servicio miserable.

Después, ya se saben la historia, el Gobierno del DF, junto con el STC intensificó su campaña que abanderaba un ‘habrá un mejor servicio’, ‘se comprarán trenes’, ‘seremos felices’; bueno, hasta consulta ciudadana hubo donde los resultados (por muchos cuestionables) arrojaban una aprobación inminente que dio legitimación al aumento y entonces, nos chingamos.

De acuerdo, ni modo, esperemos que al menos pongan aire acondicionado para no tener que soportar malos olores de regreso a mi casa después de una jornada de trabajo complicada, pensé.

Pasaron días, semanas, meses y ni siquiera un mendigo minuto me he ahorrado de tiempo desde entonces, incluso el servicio es más lento, sigo temiendo por mi propenso estallamiento de vísceras en las mañanas. Cualquiera muy al estilo del Metro me diría: ‘pues toma taxi si no te parece’ y estaría de acuerdo de cierta manera, pero mi realidad es que no de gusto tomo mi limosina naranja todos los días y juro que si tuviera más opciones, ésta, la de tomar el metro, sería la última.

Luego de todo esto nos pasa otra desgracia por culpa de las curvas más peligrosas del DF. No, no hablo de ninguna silueta femenina, me refiero al cierre  de más de la mitad de la línea 12 del metro.

Sí, la que no tiene ni dos años de vida, la que costó una fortuna, la obra maestra de Ebrard. Nadie tiene la culpa, incluso hasta se felicitan con el argumento cínico de ‘todo es para velar por la seguridad de los usuarios que utilizan el transporte’. Nada más les recuerdo lectores que ese chistecito nos costó 26 mil millones de pesos. Ahí tienes a un Mancera dando excusas, a un Marcelo diciendo que le dieron certificación, al consorcio ICA-Carso-Alstom haciéndoles replica con un: ‘Así nos lo pidieron’.

Me atrevo a decir que esto será un problema que implique más de 6 meses de clausura porque hasta el momento, nadie dice qué diablos se va hacer al respecto. Mientras tanto, 435 mil personas somos afectadas diariamente.

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